viernes, 14 de julio de 2017

Primeras impresiones

Después de varios meses de mucho esfuerzo, ya estoy cualificado como instructor del CSeries. Acabo de empezar como quien dice y todavía me queda mucho que aprender sobre este nuevo avión. La primera impresión que me deja este aparato es la de ser moderno, ergonómico sofisticado y muy eficiente. Fácil de volar. Si. Pero difícil de gestionar la gran cantidad de información que es capaz de procesar. Su hermosa línea y sobre todo su avanzada electrónica llaman poderosamente la atención del público aficionado. En casi todos los vuelos se ve a mucha gente realmente interesada y se escucha eso de ¿Podríamos echar un vistazo a la cabina? !Hala, mira esas pedazo de pantallas de 15 pulgadas! ¿Cómo se vuela este nuevo avión tan electrónico? En otros casos, al verlo, la gente parece un poco desconcertada, como cuando llegamos al aeropuerto internacional Adolfo Suárez Madrid Barajas y algún  operario despistado te pregunta ¿y este que modelo de AIRBUS es?

domingo, 9 de julio de 2017

De cine, hornos microondas, comunicaciones redioeléctricas, queso y la velocidad de la luz

Hace algún tiempo publiqué un artículo dedicado a los aspectos básicos que se deben entender cuando se habla de emisiones radioeléctricas en aviación. En dicho artículo titulado "Ondas en el aire: fundamentos básicos de radionavegación", se exponían de forma gráfica y muy resumida los principios de una emisión de radiofrecuencia.

Una de las cosas más curiosas que se exponían, es que las ondas radioeléctricas viajan a la velocidad de la luz, que es una de las constantes más conocidas del Universo. Calcular la velocidad de la luz no fue tarea fácil. Los primeros astrónomos de la antigua Grecia pensaron (sin pruebas que lo avalaran) que la velocidad de la luz era infinita o tan rápida, que no podría ser medida. Cuando Galileo en el siglo XVI utilizó dos faroles provistos de obturadores que dispuso en distintos puntos separados por una distancia conocida de varios kilómetros no obtuvo resultados concretos. La luz era excesivamente rápida como para poder ser medida con métodos convencionales. 

Esta idea persistió hasta el siglo XVII. Entonces, un tal Ole Rømer, observaba las lunas de Júpiter y se percató de que el lapso de tiempo entre los eclipses de Júpiter con sus lunas era más corto cuando la Tierra se movía hacia Júpiter, y más largo cuando la Tierra se alejaba. Este comportamiento anómalo tan sólo tenía sentido con una velocidad de la luz finita. Basándose simplemente en esas observaciones, Ole Rømer fue la primera persona en estimar la verdadera velocidad de la luz. El resultado de 214.000.000 m/s es excepcionalmente certero considerando la antigüedad de la medición, y sabiendo que por aquel entonces se desconocía la distancia exacta que separaba a Júpiter de la Tierra. Luego llegaron muchos otros experimentos complicados e ingeniosos y hoy en día con el avance de la técnica sabemos que la velocidad de la luz es de 299.792.458 m/s.